La puesta en escena
En esta puesta en escena dirigida por Dominic Cooke en el Garrick Theatre, el clásico de Bernard Shaw, La Profesión de la señora Warren, se convierte en un ejercicio emocional que le propone al espectador la confrontación entre dos visiones del mundo que, aunque distantes en el tiempo, siguen resonando con fuerza en una contemporaneidad que parece se reúsa a cambiar y se implanta en sus moldes sociales y jerárquicas adquisitivas, como el único camino que es capaz de transitar la sociedad.
El National Theatre regresa a las salas de cine con esta impactante obra que muestra que Imelda Staunton y Bessie Carter (madre e hija en la vida real), son más que acertadas para encarnar a la señora Warren y a Vivie, respectivamente.
Parece que, gracias a su lazo natural, le añaden una capa de tensión íntima que potencia la dialéctica central de la obra, convirtiendo el choque entre tradiciones en algo tan atractivo y angustiante como la relación del concepto de progreso, entre supervivencia y emancipación, logrando una tensión bien elaborada en las casi dos horas de duración de la obra para la gran pantalla.

Designer: Chloe Lamford
Imelda Staunton as Mrs. Kitty Warren
Bessie Carter as Vivie Warren
Credit: Johan Persson/
El desarrollo
La Profesión de la señora Warren se desarrolla en un dilema moral y económico, teniendo en cuenta que Shaw escribió esta pieza en 1893, en plena Era Victoriana, cuando la hipocresía social respecto de la prostitución convivía con un sistema económico que la fomentaba. Cooke, fiel al espíritu incendiario del texto, nunca pretende suavizar el conflicto, y por el contrario lo dirige inteligentemente para nutrir las ideas más potentes de la obra.
La señora Warren no es presentada como villana, sino como producto de un orden patriarcal que le negó alternativas, y su fortuna es una armadura social, construida a partir de un negocio ilícito, hecho que le permite a la obra transitar tanto como denuncia y como evidencia de la perversidad estructural de la época, que resulta trascender el tiempo y mostrarla como parte de un orden social demasiado encarnado para convertirse en otra cosa.
El dilema
La obra le presenta constantes preguntas al espectador, con la ética como principal testigo, y al dinero como principal dosificador de la realidad, exponiendo preguntas como: ¿A que costo se puede lograr la independencia económica? ¿Qué es necesario para hacer parte de una sociedad hipócrita a la cual se quiere pertenecer tal y como es? ¿Por qué esta mirada sigue siendo pertinente en un mundo donde las desigualdades obligan a muchos a negociar con la moral?
El personaje de Vivie Warren recrea una modernidad en su resistencia, pero regresa de manera abrupta al principio de todo, a los pilares del poder convencional, cuestionando continuamente su resistencia y cómo choca con los lineamientos tradicionales, razón por la cual la interpretación de Bessie Carter dota a Vivie de una firmeza casi estoica.
Una lucha de género
Su empeño en ser abogada en un entorno dominado por hombres no es solo un gesto de emancipación, sino un acto de resistencia contra la herencia de su madre, logrando que la tensión entre ambas no se reduzca a un conflicto generacional, sino que represente los dos modelos de supervivencia femenina.
Mientras la señora Warren se adapta y explota las grietas del sistema, Vivie busca transformarlo desde dentro, aunque ello implique renunciar a los privilegios que su madre le ofrece.
Como es conocido en las producciones del National Theatre, su estética y puesta en escena resaltan, con un escenario que hace parte central de la atención de la cámara que se convierte en la conductora del espectador a través de planos que delinean lo que quiere mostrar, o en aquello que pretende centrar la intención, creando esta especial percepción del teatro llevado al cine.
Cooke opta por un montaje en un solo acto, sin intermedio, con la problemática a tope, lo que intensifica la sensación de claustrofobia moral.
La concepción
El Garrick Theatre de Londres, que lleva el nombre del actor de teatro David Garrick, que fue construido para el dramaturgo W. S. Gilbert, que fuera su propietario, que originalmente estuviera arrendado al actor y director John Hare, se convierte en un espacio cerrado donde las palabras de Shaw resuenan como disparos que no dejan pólvora en la carne, pero si, la ausencia de ella por le impacto.
Las pausas obligan al espectador a enfrentar el dilema sin escapatoria, reforzando la incomodidad que la obra genera, gracias a la dirección que se nutre de la fuerza interpretativa de Staunton y Carter, que logran que el vínculo madre e hija oscile entre la ternura y el enfrentamiento brutal, mostrando un encuentro sin tregua y con argumentos tan intensos de ambos lados, que la tensión se incrementa ante la necesidad de tomar partido por alguna.

Designer: Chloe Lamford
Imelda Staunton as Mrs. Kitty Warren
Bessie Carter as Vivie Warren
Credit: Johan Persson/
Conclusión
Lo que más sorprende es la vigencia del discurso, más allá de su contexto histórico, pues La Profesión de la señora Warren sigue interpelando al público actual, pues la obra expone cómo los sistemas económicos y sociales moldean las opciones vitales de las mujeres y las obligan prácticamente a adaptarse casi sin piedad, y cómo la moralidad pública suele condenar a quienes se benefician de esas mismas estructuras.
En tiempos donde el debate sobre género, trabajo y autonomía continúa abierto, que por cuenta de gobiernos entrantes y radicales que quieren olvidar estas luchas de las mujeres por décadas, la pieza de Shaw se revela como un espejo incómodo que obliga a cuestionar nuestras propias contradicciones y esos moralismos disfrazados de imposición.
Personalmente, no creo que la versión de Cooke busque actualizar el texto con artificios contemporáneos, sino dejar que su crudeza original dialogue con el presente. El resultado es un drama que incomoda, sacude y obliga a pensar, que funciona como recordatorio de que la independencia femenina, ayer como hoy, se conquista en medio de tensiones éticas y sociales que nunca dejan de ser urgentes, y una vez más en la historia, relevantes. Juzguen ustedes.
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