Parte de una restructuración
Llega una de las películas que hace parte del plan de reestructuración del universo de DC Studios, de la mano de James Gunn con Clayface. No se trata de un experimento genérico, sino de una muestra de cómo es posible tomar el terror como vía para revitalizar la narrativa de superhéroes, y darles bagaje a los arcos de sus personajes, a sus motivaciones, y cómo se transforman por dentro y por fuera como cómics. James Watkins, apoyado por el guion de Mike Flanagan y Hossein Amini, articula un descenso a la monstruosidad que se distancia de la épica redentora y se instala en la tragedia corporal.
El concepto
La figura del actor que se disuelve en la materia, que es en sí misma, una metáfora del espectáculo contemporáneo: la identidad como máscara que se derrite bajo la presión de la ambición. En la versión de la película de terror, la cinta se enfoca en la versión de Matt Hagen (Tom Rhys Harries), cuya vida en esta adaptación da un vuelco tras un romance y posterior ataque de la mafia. El eje de sus relaciones recae en la doctora Caitlyn Corr (Naomi Ackie), científica con la que desarrolla un vínculo amoroso complejo mientras intenta curar su rostro.
La historia base
En la versión original Hagen tiene deformaciones en su rostro por un accidente, y se convierte en adicto a un producto de belleza para conservar su trabajo como actor y seguir con su vida normal. Pero el conflicto se intensifica, pues su identidad es cada vez más frágil y su psicopatía empeora cada vez hasta convertirse en venganza.
Otros villanos
En comparación a historias de origen de villanos, como El Joker (2019), proponía un retrato social y psicológico del resentimiento desde la tradición del cine urbano y político. Clayface se desplaza hacia el horror corporal y la pérdida de humanidad, mientras Arthur Fleck encarnaba la violencia como respuesta al abandono social, Clayface representa la disolución del yo en un contexto de ambición artística y científica, cambiando un poco la historia original de la serie de dibujos animados de Batman: The Animated Series (1992), con algunas licencias para la audiencia actual, que funcionan narrativamente sin perder la problemática de fondo de la creación del villano.
Si bien ambos relatos comparten la centralidad del villano como protagonista, su parte divergente está en su estética y convicciones características, capaces de mostrar al Joker con una especie de realismo sucio. En cambio, Clayface se instala en el expresionismo de lo monstruoso, desde el body horror, y su amalgama de emociones se convierte en un ser que puede moldear todos sus miedos, que son parte de él o de la persona que hubiera querido ser.
Para un panorama más amplio, también se puede plantear un contraste con Venom (2018), que exploraba la simbiosis entre humano y criatura desde un registro más cercano a la acción y a la comedia negra. La monstruosidad allí se convertía en un recurso de poder, en una alianza ambigua pero funcional. Clayface, en cambio, niega la posibilidad de equilibrio: la transformación es irreversible, corrosiva y no ofrece redención ni utilidad. Donde Venom juega con la dualidad, Clayface insiste en la pérdida absoluta.
Un personaje acorde a las audiencias actuales
Desde el panorama actual, un personaje como Matt Hagen intenta situarse en una tendencia más amplia: la exploración de los villanos como protagonistas de relatos autónomos. Sin embargo, su apuesta por el terror lo diferencia de las aproximaciones previas. Si Joker fue un drama social y Venom una aventura híbrida, Clayface se perfila como un thriller de horror psicológico y corporal, capaz de transitar por las características del cine de monstruos, por la crítica cultural y por el espectáculo de Hollywood.
Clayface amplía el universo de DC, e interroga los límites del género, proponiendo que la monstruosidad, más que lo heroico, puede ser el verdadero espejo de nuestra época. Además, pone sobre la mesa toda la problemática corporativa hacia la belleza y la profunda corrupción de un sistema judicial mundial, cada vez más evidente, que explora con una violencia intensa, sin guardarse nada, impactando con crudeza en varias de sus escenas, justificadas en su temática y en la construcción de sus personajes.
Conclusión
Las diferencias en la construcción de sus personajes de la historia original, y lo bien tratados que están, como el caso de su mejor amigo, de su desenlace, del desarrollo psicológico de sus fichas clave y la profundidad a lo largo de la película como historia de origen y en lo que lo convierte como villano, hacen que Clayface se convierta en una buena adaptación del universo de DC.
Sin duda, más adelante será una herramienta importante en esta construcción cinematográfica, que se complementará con la dilatada Batman 2, mientras sigue alentando a los fans y dándole forma a al proyecto de Gunn para consolidar estos personajes frente a una franquicia tan popular como Marvel. Juzguen ustedes.
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