jueves , octubre 15 2026

Donde comienza el río: Película que plantea una pregunta universal: ¿qué significa pertenecer?

La raíz

Los estudios antropológicos de etnias en países con una inmensa riqueza pluriétnica como Colombia analizan la resistencia histórica, la territorialidad, los derechos colectivos y la diversidad cultural de las comunidades indígenas, afrodescendientes, raizales y palenqueras. Muchos documentales y largometrajes se han desarrollado a partir de investigaciones serias en un territorio tan cargado de multiculturalidad como el colombiano.
Por este interés en el territorio, en las juventudes desplazadas y en las identidades fracturadas, el director Juan Andrés Arango se embarca en un viaje donde la realidad social, la realidad política y la memoria, acompañadas de denuncias, se entrelazan en un cruce entre la ficción y la etnografía en la cinta Donde comienza el río, un relato dinámico y de gran calidad, que sorprende por su ritmo y por el acertado desarrollo de sus personajes.

Los precedentes

El guion se edifica desde lo no evidente, pero igualmente contundente: el desarraigo como herida abierta. La película se centra en Yajaira (Girleza Duave Cerezo), una joven Emberá que sobrevive en la capital vendiendo artesanías mientras cría a su hija (Ana Michell Nama Dumaza).

La ciudad como otro personaje

Arango evita el exotismo y el folclorismo. Su cámara observa con sobriedad, sin subrayados melodramáticos, los gestos cotidianos de la supervivencia. El viaje de regreso al Río Andágueda se convierte en un acto de resistencia cultural, en la búsqueda de un lugar que es geográfico Y espiritual a la vez. La espiritualidad ligada a la selva, los rituales acompañados de música y danza, y la educación de los niños en contacto con el territorio aparecen como recuerdos persistentes en la memoria de Yajaira. A medida que avanza la cinta, estos elementos se convierten en el recorrido visual de la espiritualidad de la protagonista. En Bogotá, esas prácticas se transforman y se adaptan, pero nunca desaparecen del todo, como lo evidencia Donde comienza el río. La estética de Arango se caracteriza por la contención y la observación pacientes. Sin embargo, esto no hace a la cinta pasivamente contemplativa: al contrario, el dinamismo que le imprime es admirable. Desde la primera secuencia se evidencia el cuidado y la atención con que se trató la narrativa, con un ritmo que fluye constante, sin caer en lugares comunes ni en planos estáticos que marcaron parte del cine colombiano de años anteriores. El río, filmado como metáfora de continuidad y memoria, se convierte en protagonista silencioso. La ciudad, en cambio, aparece como espacio de ruptura, donde los códigos de la selva no tienen cabida. Esta tensión entre naturaleza y urbe articula la puesta en escena y refuerza la dimensión política del relato: la migración interna como forma de violencia estructural. La película se nutre de mensajes y belleza gracias a la destacada dirección de fotografía de Nicolás Canicioni, que deja planos memorables en cada toma y eleva la categoría de la obra. Lo que podría ser una historia más sobre la problemática multicultural en Colombia se convierte en una referencia obligada en adelante. la historia de Yajaira condensa la experiencia de miles de desplazados que cargan con la memoria de un territorio perdido, y con la esperanza de un retorno. Arango logra que el espectador se reconozca en esa búsqueda, recordándonos que todos tenemos un lugar al que anhelamos volver. Juzguen ustedes.    

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