sábado , mayo 23 2026

El pasajero del Diablo: un viaje en carretera desaprovechado

Su director

André Øvredal, director y guionista noruego, se ha consolidado como un nombre interesante dentro de este género por títulos como la sobresaliente The Autopsy of Jane Doe (2016) o la bien lograda Scary Stories to Tell in the Dark (2019). En esta ocasión regresa con una propuesta de terror psicológico y sobrenatural que, sin embargo, se queda corta: gran parte de su mejor material se revela en el tráiler, pero la película no alcanza la solidez que promete.

La forma

La cinta intenta fusionar el cine de carretera con el terror psicológico, pero su construcción resulta irregular. Øvredal busca levantar una mitología alrededor de un personaje demoníaco, mediante fragmentos dispersos y datos al azar que no aportan ritmo ni coherencia narrativa. La premisa es atractiva: una pareja presencia un brutal accidente nocturno y pronto descubre que algo los sigue. Esa presencia demoníaca, conocida como El Pasajero, se adhiere a ellos y convierte su trayecto en una pesadilla. La idea de una maldición en la carretera tiene potencial, pero la ejecución se queda en la superficie. La película logra valiosos momentos de tensión atmosférica, sobre todo al explorar la vulnerabilidad de un viaje nocturno. Sin embargo, no consigue que los personajes se integren de manera significativa a la leyenda que pretende construir. La pareja protagonista se distancia en varios pasajes, lo que rompe el ritmo y deja la trama sostenida en sobresaltos y recursos visuales repetitivos, como el travelling circular o el desenfoque, que pronto pierden efectividad.

Conclusión

En cuanto al arco dramático, la angustia de Maddie (Lou Llobell) se diluye en la crisis de comunicación con Tyler (Jacob Scipio). Aunque hay destellos de tensión bien lograda, la persecución constante pudo haberse explotado más allá de la carretera, ampliando el alcance del relato. En definitiva, El pasajero del Diablo funciona mejor como atmósfera que como narración. Øvredal consigue imágenes inquietantes y momentos de terror psicológico, pero no logra escapar de la medianía narrativa del género. Para el espectador, el viaje oscila entre la tensión genuina y la repetición de fórmulas conocidas, lo que puede resultar cansino. Aun así, su duración de 1 hora y 34 minutos juega a favor: los amantes del género encontrarán un entretenimiento aceptable, aunque lejos de lo memorable.    

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