martes , septiembre 18 2018
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Sin mover los labios: Una depresión que rie

Partiendo del gusto por André Bretón y sus comienzos con el surrealismo desde Francia, no es necesario centrarse sólo afuera. En Colombia, el dicho estilo de hacer ese Cine no es con exactitud muy notorio.

Para el año 2017, hubo diferentes estrenos que hicieron del cine colombiano un sabor especial de apreciar lo nuevo que se está brindando. Entre ellos, está una película que mezcla una comedia especial, y surrealismo sutil que desata un estilo propio dejando por encima el cine de autor. “Sin mover los labios” dirigida por Carlos Osuna fue esta, la cuál tuvo en su primera semana de estreno una cifra de 1.357 espectadores, según Proimágenes Colombia (Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica), con lo que se pudo dejar en cartelera por un tiempo más.

Una película donde se conoce a Carlos, el protagonista de ésta que en la mayoría de su tiempo trabaja como ventrílocuo, y aún vive con su madre. Su entorno es completamente indiferente para él, y aunque se le note muy solo, no es algo que afecte en su personalidad. También, se denota una introspección en su psicología sin adentrarse por completo en su mundo interno, con lo cuál se usa un blanco y negro durante la mayor parte de la película, sin dejar de lado un contraste junto con los estereotipos que rodean a una sociedad colombiana, razón por la cuál en esos fragmentos hay un uso de color.

Se debe resaltar el uso de antagonistas y personajes que no se muestran a la perfección como lo hace un cine de espectáculo y/o comercial. Aquí, se puede ver el cuerpo con diferentes estructuras y texturas, mujeres con bellezas subjetivas no prototípicas, hombres sin pelo en la cabeza, y edades de todo tipo. Durante el film, se ve mantiene una relación de Carlos junto con dos personajes más que da un inicio a la transformación de su personalidad en un mundo extraño e insólito hasta el punto de ver en él mismo un animal que es el gallo.

Cada uno de estos instantes ya nombrados de la película están estrechos con la pregunta de la existencia de los seres humanos como si lo que se viese fuese una catarsis personal de un hombre sencillo que se puede encontrar en cualquier parte de Colombia.

La industria del cine colombiano da un impulso a hacer distintas creaciones con situaciones que se ven en una sociedad que hace parte de este país sin necesidad de ser un cine de entretenimiento que no deja por completo a un espectador pensar más allá de lo que está viendo. Esta película es ejemplar para que la audiencia quiera encontrar una identificación y gusto en cualquier parte que se vea, así sea el uso del color.

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